Johann Heinrich Füssli, Silencio. Óleo sobre lienzo, 1800

Julián González Gómez

JohannHeinrichFussliSilenceFüssli era un personaje polifacético e inquieto, amante de un arte cuyas raíces se hundían en el pasado, pues para él, el presente era un vehículo para viajar hacia atrás y no precisamente retrocediendo. Pintor, dibujante, ilustrador, escritor, poeta y erudito, Füssli reunía muchas facetas para las cuales la vida de un solo ser humano no alcanzaría a cubrir. Sin embargo, en la suya propia no sólo abarcó todas, sino además con gran sensibilidad y grandeza. Pero no nos confundamos, no era un “hombre del renacimiento”, a pesar de que en su faceta de pintor y dibujante la influencia de esa época es fundamental, sobre todo del manierismo del siglo XVI al que profesó verdadera veneración.

Füssli era “hombre de la ilustración”, lo cual lo asemeja y lo aleja al mismo tiempo del renacimiento, pues si en este el saber era apreciado como una virtud vivencial, en la otra era casi una obligación espiritual, lo cual no es poco para una diferencia. En efecto, el hombre ilustrado pretendió emanciparse de los fantasmas absolutistas a través de la erudición y del conocimiento de la mecánica que gobierna el mundo, solo para darse cuenta que al final existe un nuevo principio y que la razón, que es su vehículo de descubrimiento, lo llevará a un callejón sin salida, a menos que la vista con los ropajes de una diosa y la venere en el plano espiritual, tal como le sucedió a Kant y a algunos poetas. Otros, como Voltaire, se convirtieron en unos cínicos y otros más, como Rousseau, en unos pesimistas. La visión ilustrada tuvo matices de toda índole: jurídicos, políticos, científicos y filosóficos, pero en el arte estos matices fueron de carácter frío, distante del sentimiento que abarca buena parte de la vida de todo ser humano. Por ello los espíritus que ya estaban inquietos se transformaron en exaltados y buscaron desesperadamente las respuestas en la contraparte de la razón: en la no-razón, en el mundo de la fantasía unos y en tornar la vista hacia atrás otros, buscando llenarse otra vez de la fe que perdieron. Pensándolo bien, quizás no era falta de fe, sino más bien una pérdida del sentido de lo inconmensurable, de lo que debería estar más allá y que aparentemente se había desvanecido a golpes de raciocinio y lógica deductiva. El miedo al vacío es primario y visceral, y por ese entonces todavía no había aparecido el fantasma del positivismo, mucho menos el materialismo histórico y sus consecuencias, que servirían para darle vía libre a las nuevas religiones que suplantaron la visión universal del cristianismo en la vida de las sociedades.

Buscar el escape al vacío a través de la exaltación de lo sublime, de lo fantástico, del mito de un pasado idealizado, he ahí la esencia del romanticismo. Pero la exaltación romántica tenía una base de firme conocimiento y de acumulación erudita de saber, no era un arrebato supersticioso o vacío.  El romántico, que era ante todo un poeta y un viajero, se adentraba en territorios cada vez más lejanos, tanto afuera como adentro de sí, a fin de descubrir las fuentes del conocimiento pleno, cuya existencia intuía.

Nacido en una familia de amplia cultura, en la ciudad de Zürich en 1741, Füssli tuvo contacto con el arte desde su nacimiento, ya que su padre era anticuario y además pintor. En su juventud se unió al grupo Sturm und Drang, un movimiento de origen alemán que exaltó la fantasía y las emociones en contraposición al racionalismo de la ilustración. Por medio de Sturm und Drang, Füsli aprendió que los instintos y las pasiones del hombre eran un campo fértil de expresión artística; pero aún más, entendió que esa postura debía abarcar no sólo el campo de la estética, sino la vida en su total. Encontró en el pasado la fuente de esas vivencias, en la poesía de Shakespeare y de Milton y en ellos la pasión que encendió la mecha de su propia creatividad. Pero también halló en la poesía un sentimiento trágico que nunca lo abandonaría, una visión pesimista sobre el propio ser humano que le hizo ahondar en las regiones más oscuras de la psique, en donde creía hallar el motivo fundamental y trascendente de la existencia.

Antes de dedicarse a la pintura, Füsli desarrolló la faceta de ilustrador de libros y también de dibujante. Todavía en Suiza hizo una serie dedicada, así, tal cual, a la “estupidez humana”, trabajados con grandes contrastes tonales y con una fuerte tendencia al erotismo. Unos años más tarde se tuvo que exiliar a Alemania por publicar un panfleto contra el gobierno de Zürich, y contactó con algunos escritores prerrománticos, que trabajaban en una línea parecida a la suya. En 1764 se estableció en Inglaterra, donde empezó a ilustrar algunos textos de Shakespeare y tradujo el Macbeth al alemán. En Inglaterra entró en contacto con los ambientes aristocráticos y llevó una vida más mundana, desenvolviéndose como escritor, dibujante e ilustrador. En esta época empezó a realizar dibujos de un carácter más fantástico, pero también más cruel y oscuro, fruto de su cada vez más fuerte convicción pesimista del ser humano. También empezó a considerar el arte como un campo que sólo debían cultivar los genios y debía ser asequible únicamente a las élites intelectuales, por lo cual algunos lo consideraron un reaccionario.

Entre 1770 y 1778 se estableció en Roma y entonces decidió dejar sus demás actividades y dedicarse únicamente al arte. En Italia conoció de primera mano las obras de los maestros que más admiraba, sobre todo Miguel Ángel y los manieristas, de los que copió diversas obras y tomó algunas de sus modalidades de pintura para su propia obra. De aquí viene su estilo severo y monumental, concentrado en fuertes valores de contraste y figuras estilizadas. En 1779 retornó a Inglaterra a dedicarse por entero a la pintura y por el resto de su vida gozó de fama en los ambientes cultos e intelectuales, que era el círculo en el que se desenvolvió hasta su muerte en 1825. Relegado al olvido durante bastante tiempo, su memoria fue rescatada primero por los expresionistas y luego por los surrealistas, que vieron en él a un predecesor de su propia expresión artística.

Esta obra, llamada “Silencio” fue pintada por Füsli en su madurez y muestra mucho del esquematismo y contraste característicos de su pintura. Es un cuadro prácticamente monocromo, con una única figura rotunda y luminosa que se sobrepone al oscuro fondo, en una postura que denota ambigüedad de sentimientos y que oscila entre el abandono y el ensimismamiento. Parece como si esta mujer de rubios cabellos y cuerpo grande está buscando en su interior una energía misteriosa que la proyectará hacia otro plano, o quizás la emancipe de esa oscuridad que la rodea. Tal vez esta mujer representa el espíritu romántico, tal vez representa al propio autor o quizás al espectador que pueda ver a través de ella la lucha interna que lo liberará de los fantasmas que lo aterrorizan.


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