Jacob Jordaens, Retorno de la Sagrada Familia. Óleo sobre tela, 1618

Julián González Gómez

Mucho se ha escrito sobre la pintura barroca del Flandes del siglo XVII y entre todos los estudiosos del tema, Jacob Jordaens es sin ninguna duda uno de sus maestros más emblemáticos. A la sombra de Rubens durante mucho tiempo, Jordaens empezó a destacar como artista de primera línea a partir del siglo XIX cuando su obra fue revalorada en Europa.

Jordaens no solo fue un gran pintor sino además un extraordinario dibujante y creador de innumerables cartones para realizar tapices, actividad en la que en su país siempre destacó. El arte de Jordaens se inspiró en los temas más recurrentes de su época, sobre todo los de tema religioso y las llamadas “escenas de género”, que presentaban distintas escenas de la vida de la gente común de las ciudades y el campo. Este artista además fue el pintor de las escenas de borracheras de la gente, a quienes retrataba con una ligera nota jocosa, disfrutando de la bebida y las juergas en común. En cuanto a sus cuadros religiosos, se esmeró en representar las escenas con una alta dosis de dignidad y solemnidad tal como eran entendidas en el barroco, contrastando con sus cuadros profanos. La obra que aquí se presenta fue realizada dentro de un ciclo de encargos que le fueron hechos desde 1617 y representa el retorno a Judea de la Sagrada Familia después de la huida hacia Egipto.

La Sagrada Familia está representada como si alguien los viese caminar por una ligera pendiente. A diferencia del Niño y San José, que están vestidos con ropajes históricos, la Virgen está ataviada con un vestido de la época del pintor y lleva un sombrero de ala ancha el cual sujeta con su brazo derecho. San José está representado como un hombre mayor de gran dignidad que está inclinado hacia el niño, el cual es llevado de las manos por ambos padres. Los personajes lucen relajados y confiados, retornando a su tierra después de pasado el peligro. Para acompañar a las figuras sagradas, Jordaens se permitió escoltarlas por un perrito que desciende junto con ellos, quizá para darle al conjunto un toque más familiar. El paisaje es nocturno y se puede advertir que la luna está apareciendo detrás de unas nubes por la parte izquierda del cuadro.

Como buen pintor barroco, Jordaens utilizó parcialmente la representación en el estilo llamado “tenebrismo”, en la cual las escenas están bañadas por una fuente de luz lateral y los contrastes entre luces y sombras son muy marcados. En este caso la luz proviene de un foco bajo ubicado a la izquierda, por supuesto sin ser visto creando un fuerte contraste visual que se expresa sobre todo en los ropajes de los protagonistas. Este cuadro revela las influencias del pintor, desde la pintura de Caravaggio hasta la representatividad de Rubens que fija en las figuras un notable movimiento evolutivo y se muestran con leves retorcimientos de sus cuerpos dándole a la escena gran dinamismo. Este aspecto es reforzado en esta pintura por el vuelo de la roja capa que lleva la Virgen, la cual abarca buena parte de la parte trasera de la escena.

Jacob Jordaens nació en la rica ciudad de Amberes en el año de 1593. Su familia gozaba de una buena posición en la ciudad ya que su padre era un rico mercader de lino. Jacob fue el primogénito de once hijos y recibió una esmerada educación en su ciudad. Su vocación no se decantó hacia el comercio sino hacia el arte. Para formarse como pintor se fue a trabajar al taller de Adam van Noort, quien también había sido el maestro de Rubens. En el taller del maestro permaneció durante ocho años hasta que fue admitido en la Guilda de San Lucas, que era la corporación de los pintores. Tras casarse con una hija de su maestro se estableció en Amberes al servicio de los fabricantes de tapices realizando gran cantidad de cartones. Un dato interesante es que Jordaens nunca viajó a Italia para aprender de los clásicos como hacían casi todos los artistas de la época. Sin embargo, se esforzó por conseguir reproducciones de los maestros italianos para su estudio. Su vida estuvo dedicada por entero a su taller y la familia, gozando de una alta posición gracias a numerosos encargos provenientes de la burguesía de la ciudad. Más adelante, su fama se extendió a toda Europa y recibió gran cantidad de encargos de las cortes y el clero. Formó gran cantidad de discípulos en su taller, el cual llegó a tener un enorme prestigio; sin embargo, entre sus discípulos ninguno llegó ni siquiera a igualar los logros del maestro. En todo caso, hay que mencionar que la influencia de Rubens por ese entonces en Flandes era avasalladora y Jordaens no se pudo sustraer a ella.

Siendo católico de nacimiento, Jordaens se convirtió al protestantismo en su madurez. Murió en Amberes en 1678 debido a una peste que asoló la ciudad.


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