Frans Hals, «Rectores del asilo de ancianos de Haarlem». Óleo sobre tela, 1664

Julián González Gómez

Hals Rectores del asilo de HaarlemDurante el siglo XVII la próspera Holanda produjo una colección de artistas de primera línea que se han ubicado dentro de la cima de la pintura de todos los tiempos. Esta eclosión de grandes pintores se desenvolvió en el contexto de una nación que había obtenido su independencia de la corona española mediante una terrible y prolongada guerra que tuvo, además de grandes consecuencias políticas, ciertos matices religiosos que hicieron que fuese especialmente cruel. Las siete provincias norteñas de los Países Bajos eran casi en su totalidad protestantes, mientras que las diez del sur se mantuvieron fieles al catolicismo, por lo que de cierto modo el conflicto devino en una guerra civil, con el agravante de la presencia de las tropas de una España que se había erigido en la campeona de la iglesia católica y además detentadora de estos territorios por herencia real. Solucionado el conflicto mediante los tratados de Westfalia en 1648, las provincias protestantes se unieron creando la nueva nación que a partir de este momento se llamó Holanda. De todas formas, ya desde hacía bastantes años estas provincias funcionaban autónomamente con respecto a la corona española, convirtiéndose en una potencia comercial y marítima. Esto produjo un gran auge económico que hizo de sus ciudades principales como Rotterdam, Amsterdam, Haarlem, Delft y otras más, verdaderos emporios de riqueza.

Dentro de esta sociedad los artistas tenían un lugar destacado, sobre todo los pintores que, organizados en gremios desde la época medieval, producían gran cantidad de obras para el consumo, creando un mercado de gran valor económico que se incrementó enormemente desde la independencia. Así encontramos nombres como Rembrandt, Van Ruysdael, Ter Boch, Van Ostade, Teniers, Steen, Vermeer y el que nos ocupa aquí: Frans Hals, sin duda uno de los principales de entre toda esta gloriosa colección. Hals desarrolló toda su carrera en la ciudad de Haarlem y ocupó destacados cargos civiles y gremiales, siendo considerado como un importante vecino de la ciudad, además de ser el mejor artista de la misma durante su época. Nacido en Amberes en 1583, a los tres años abandona la ciudad con su familia, huyendo de las tropas españolas y se instalan en Haarlem. Hay pocos datos de sus primeros años, pero se sabe que en su adolescencia entró a trabajar como aprendiz en el taller del pintor flamenco Karel van Mander, quien seguía la escuela del manierismo.

En 1610 ingresó en la guilda de San Lucas, el principal gremio de artistas de Haarlem y se convirtió en pintor independiente, dedicándose preferentemente a los retratos. También en ese año contrajo matrimonio por primera vez, enviudando a los pocos años y volviéndose a casar al tiempo. Tuvo un total de catorce hijos, producto de sus dos matrimonios. Hals ha sido considerado el más importante de los retratistas holandeses del siglo XVII, principalmente debido a sus llamados schutterstukken, los retratos colectivos de los guardias pertenecientes a las milicias cívicas que por ese entonces abundaban en las ciudades holandesas. La fama le vino al recibir múltiples encargos de retratos individuales y colectivos, pero su situación económica fue siempre precaria. En efecto, Hals contrajo múltiples deudas a lo largo de su vida, lo cual lo mantuvo a él y su familia al borde de la pobreza. Algunos de sus biógrafos han aseverado que esta situación era consecuencia de que Hals se había convertido en un alcohólico y llevaba una vida disoluta, sin embargo el hecho de que fuera elegido presidente del gremio de artistas y el que fuese constantemente homenajeado por el municipio nos dice que esta no era su situación. Para tratar de mantenerse, además de pintar trabajó como marchante, restaurador de arte y maestro de pintura, abriendo un taller en 1650, pero al parecer no le fue bien y apenas dos años después se vio obligado a vender sus escasas pertenencias para pagar una deuda con un banquero. Los encargos empezaron a escasear y ante esta situación desesperada del anciano que ya contaba con setenta años la ciudad, en reconocimiento a sus méritos, le ayudó en el pago de sus gastos y le proporcionó una vivienda gratuita. En 1664 se le otorgó una anualidad de doscientos florines para que pudiera vivir con decencia. Murió en 1666, a los ochenta y cuatro años y fue enterrado en la Catedral de San Bavón de Haarlem. Su viuda murió al poco tiempo en un hospital de la caridad y fue enterrada en un panteón público.

La técnica de Hals fue innovadora y revolucionaria para su época. Pintaba de manera abocetada aplicando grandes pinceladas de óleo que cubrían las superficies con una especie de trama de múltiples direcciones. Los detalles y el colorido se resolvían mediante parches, líneas y otros elementos que se dejaban expresamente inacabados. Esto dotaba a su pintura de gran dinamismo y vitalidad, además de un fuerte carácter de improvisación que hace de Hals uno de los precursores del impresionismo que estaría en boga más de doscientos años después. Sus retratos son como instantáneas de un momento preciso que se expresa en un ambiente típico de la época: los limpios interiores de las casas holandesas, donde los retratados eran captados realizando las funciones que les correspondía en ese preciso instante, de ahí su vitalidad, a la que se sumaba la técnica antes descrita.

Este retrato múltiple fue realizado por Hals a los ochenta y dos años, cuando vivía en el asilo municipal de Haarlem, donde había sido internado por su ancianidad. No fue un encargo, sino que nuestro artista retrató a los rectores del asilo por propia decisión. Hals tenía el don de reflejar con exactitud la psicología de los personajes que pintaba y en este caso nos podemos dar cuenta de la multiplicidad de caracteres que se muestran en los rostros de los retratados, para quienes la compasión parece que les era extraña y que más que rectores parecen carceleros. Eran personas que ejercían sus labores de manera burocrática e impersonal, retratados por un anciano que vivió toda clase de decepciones y conocía a fondo la condición humana de quienes se han convertido en entes ajenos al dolor. El fondo oscuro nos trae a la mente ciertos tintes siniestros y las posturas disímiles y las miradas en varias direcciones nos hablan de una gran falta de congruencia y cometidos en común. Es una pintura de un ambiente lúgubre y hasta trágico, pero dotada de una increíble profundidad de contenido, obra de un anciano pintor que en ese momento alcanzó la más insondable, trascendente e intensa expresión de lo que se denomina Arte.


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