Constantin Brâncuși, Evolución del vuelo de un ave. Bronce dorado. 1929.

Brancusi allways. Evolution of the Bird in FlightDicen que la verdadera belleza se encuentra en lo esencial, en aquello que se ha despojado de todo lo que se puede considerar superfluo, en la verdad de lo simple. Si esto es así, entonces esta obra de Brâncuși es la manifestación de la belleza absoluta, el paradigma de la armonía suprema que se desliza por estas sutiles líneas curvas.

Constantin Brâncuși nació un 19 de febrero de 1876 en Hobita, Rumania. La suya es la historia del pequeño niño campesino que pastoreaba ovejas, pero que tenía un don especial para la talla de figuras en madera, algo que en su región era bastante corriente y que, por suerte, fue descubierto por un buen hombre que se hizo cargo de pagarle los estudios e incentivar su arte. En términos generales me recuerda la historia de Palladio. Este bienhechor financió los estudios del joven en una escuela provincial de artes y oficios y luego lo llevó a Bucarest, donde se inscribió en la Escuela Nacional de Bellas Artes. El joven Brâncuși se empieza a darse a conocer en su país y realiza algunas pequeñas obras. En 1904 se va a Paris, la meca del arte de esa época, para perfeccionar sus estudios. Llega en un momento clave en el que los artistas están cambiando los vientos que los viejos maestros como Monet, Renoir, Rodin y Cezanne habían empezado a agitar: Picasso, Braque, Apollinaire, Matisse, Rouault y otros estaban generando nuevas ideas a través de la experimentación, lo cual no dejó de impresionar a este joven campesino rumano. En 1908 conoce a Amedeo Modigliani y se inicia una profunda amistad entre ambos motivada por intereses comunes. En esta época Modigliani pretendía ser escultor antes que pintor y junto a Brâncuși estudian el arte primitivo de África, en el cual se inspiran para tallar varias  series de cabezas muy estilizadas que llamaron poderosamente la atención de los artistas de las vanguardias que estaban experimentando con el cubismo por esas mismas épocas. Los caminos de ambos amigos se separaron algún tiempo después, pero su amistad perduró hasta la trágica muerte de Modigliani en 1920.

Brâncuși se decantó por las experiencias vanguardistas en un estilo difícilmente definible en el cual se pueden apreciar elementos primitivos y cubistas.  En todo caso, las formas puras, libres de cualquier accesorio que no fuese absolutamente necesario dejar se convirtieron en su estilo propio. Parece como si su afán fuese siempre quitar en vez de agregar; algo que va muy ligado a la talla por cierto. Aquello que describe se convierte en forma cada vez más pura y orgánica, ya que la línea recta es bastante escasa en su obra. Por ejemplo, una cabeza humana se expresa por un óvalo irregular, con sólo una especie de almendra que simboliza un ojo, la vista, la mirada que nos confronta.

En 1938, en Târgu-Jiu realizó su obra más conocida. Instaló un monumento conmemorativo a los fallecidos en la primera guerra mundial llamado la Columna del infinito, al que luego agregó la Mesa del silencio y la Puerta del beso, creando una instalación escultórica en un parque cuyo diseño también es de su autoría, al igual que el mobiliario urbano que lo complementa. De esta forma, creó un ambiente especial de gran significancia para su tierra, en vez de conformarse con la conocida fórmula conmemorativa de una escultura instalada sobre un pedestal. Posteriormente todo el conjunto se trasladó al parque principal de la ciudad.

En el caso de la obra que nos ocupa, no se trataba de remitirnos a la forma conocida de un ave en vuelo. Eso hubiese sido recurrir a un “lugar común”. Su ave está contenida en la forma de la evolución del planeo ascendente o bien descendente, el cual  se expresa por lo que podríamos considerar sus líneas guía o trazados reguladores de acuerdo a una direccionalidad. La abstracción se ha logrado por medio de la reducción, la síntesis de la evolución del vuelo, al cual nos remite el título.  Por otra parte, llaman la atención dos detalles fundamentales: la cintura que se advierte hacia la parte inferior de la forma y el remate de corte o tajada en la parte superior. Ya que es una escultura está ubicada en el espacio y es necesario que se apoye en algo, en este caso un pequeño pedestal cilíndrico de mármol, tal vez por esa razón puramente práctica la sección inferior tiene esa forma de cono truncado, para poder apoyarse mejor en el pedestal, pero en realidad no estoy muy seguro de ello. Creo que mas bien esa parte simboliza el aterrizaje, o quizás el momento en el que el ave está asentada en el suelo; de ahí que la cintura pudiera ser el momento en el que inicia el vuelo, el cual culmina en el límite superior que es también plano, aunque oblicuo. ¿Son estos los límites de la evolución del vuelo del ave? Con ello Brâncuși nos estaría comentando acerca de las fronteras, el poder o no poder, la libertad restringida o algo parecido, el mito de Ícaro, un comentario diríamos, “filosófico” acerca de la naturaleza del ser que pretende ser libre. La belleza encerrada entre dos límites claros y precisos; la libertad, expresada a través de las líneas curvas, restringida por las dos líneas rectas. En todo caso, me parece que es válida cualquier otra interpretación, tal es el poder evocativo de esta suprema obra del arte moderno.     

Julián González


Cápsulas de Arte

UFM 40 años
© 2008 Universidad Francisco Marroquín
webmaster@ufm.edu
Departamento de Educación
Calle Manuel F. Ayau (6 Calle final), zona 10
Edificio Académico, D-406
Guatemala, Guatemala 01010
Teléfono: (+502) 2338-7794
Fax: (+502) 2334-6896
educacion@ufm.edu