Caspar David Friedrich, Caminante sobre un mar de nubes. Óleo sobre lienzo, 1818

Julián González Gómez

Caspar_David_Friedrich. l caminante sobre el mar de nubes 1817-1818.Arthur Schopenhauer empieza su obra capital, El mundo como voluntad y representación, con la frase: “El mundo es mi representación”; proclama que lo identifica como un subjetivista acérrimo. Es el sujeto el que contempla al mundo como una proyección de sí mismo y lo identifica solo mediante sus propias ideas, sentimientos e ilusiones. Esta bien puede ser la doctrina de todo artista romántico, que apela antes al sujeto que al objeto.

En este cuadro, el hombre contempla el mundo delante de él como prolongación de su propio ser, bajo una perspectiva amplia y serena que roza con lo sublime. El paisaje, que representa metafóricamente el espíritu del que lo contempla, es elocuente en su dramatismo y grandiosidad y se deja contemplar en toda su magnificencia. Solo un espíritu sensible, afín a un paisaje tan extraordinario, es capaz de apreciarlo profundamente, porque es él en sí mismo, es su esencia metafísica.

Los artistas románticos se rebelaron contra los dictados de la razón, propios del siglo XVIII, llamado “siglo de las luces”, proclamando la supremacía del sentimiento y la subjetividad frente a la razón fría y calculadora, que juzgaron estéril. Para ellos el ser humano es ante todo una manifestación de las fuerzas naturales, de las cuales no puede desprenderse, de ahí su amor a la naturaleza, que en este cuadro se manifiesta como la gran protagonista, pero que no tiene sentido si no es observada y a la vez admirada por el sujeto.

Se han hecho muchas interpretaciones de esta obra y en casi todas se advierte sobre el simbolismo de los elementos que aparecen en ella. El hombre, que contempla el paisaje y no tiene identificación particular por estar de espaldas, podría ser el propio Friedrich. Su postura y el bastón que lleva revelan que es un caminante que ha llegado a una eminencia del lugar y se ha quedado ahí para admirar el sublime panorama. Está solo, pues solamente en este estado se es capaz de estar en comunión con el mundo que lo rodea, sin la presencia de otra ánima. Se apoya en una fuerte roca, que representa fortaleza y las convicciones firmes, al igual que las demás escarpas rocosas, que junto a las altas montañas del fondo, son también una representación de las fuerzas telúricas que gobiernan la naturaleza. Las nubes que se levantan, que tienen un carácter etéreo en contraposición con las rocas, bien pueden representar las fuerzas sutiles que emanan de la sublimidad natural.

Otras interpretaciones han visto representaciones de carácter religioso en este cuadro, por ejemplo: las rocas y las montañas son el símbolo de la vida terrena, mientras que las nubes representan la vida eterna y el hombre está en medio de ambas vidas como sujeto terrenal y a la vez como criatura que desciende de la divinidad. También se ha dicho que las rocas representan la fe y las montañas del fondo el paraíso y el hombre se está diluyendo en una totalidad cósmica. Sea como fuere, las interpretaciones nos llevan siempre hacia esta imagen de elevación y grandiosidad espirituales. En contraposición a las obras de otros artistas de su época, e incluso a otras de sus pinturas, en este caso no se aprecia ninguna alusión a elementos tenebrosos y sombríos, también muy del gusto de los románticos. Es un canto claro a la inmensidad y suprema sublimidad de la creación.

Técnicamente, esta pintura es de una manufactura propia de un maestro consumado, destacando las delicadas tonalidades azules, por cierto un color bastante difícil de tratar, combinadas con los tenues rosas que le dan una asombrosa armonía cromática. El contraste con estas tonalidades lo dan los tonos marrones de las rocas, estableciendo una dialéctica cromática entre ambas gamas de tonalidades dominantes. Las nubes están pintadas con una apariencia algodonosa y delicada, también en claro contraste con las recias texturas de las rocas.

Friedrich fue un extraordinario pintor de paisajes, pero no trabajó este tema como sujeto de estudios figurativos, ni de expresión vindicativa y autónoma, sino como representación de la subjetividad y la emoción que contemplaba en ellos. Para él la naturaleza era ante todo una expresión de la más profunda espiritualidad, que bien se enlaza con el panteísmo de muchos otros artistas románticos, sobre todo los alemanes. Se ha llegado a considerarlo el pintor alemán más importante del romanticismo y gozó de gran fama y estima durante su larga vida, a excepción de sus últimos años.

Nacido en la ciudad portuaria de Greifswald, al nordeste de Alemania en 1774, hijo de un fabricante de jabones y velas. En 1781 murió su madre y posteriormente en el transcurso de varios años murieron dos de sus hermanas y un hermano en un trágico accidente, situaciones que marcaron en su carácter una abrumadora fijación por la muerte. Su familia era devota protestante y la educación de Caspar David fue mediada por unos estamentos religiosos estrictos e inflexibles. En torno a 1790 inició sus estudios de arte, bajo la tutela de Johann Gottfried Quistorp, quien era profesor de dibujo en la Universidad de Greifswald. También por esta época conoció al poeta y pastor Gotthard Ludwig Theobul Kosegarten, quien influyó notablemente en el joven con sus ideas panteístas y románticas. Entre 1794 y 1798 estudió en la Academia Real de Bellas Artes de Dinamarca, que por entonces era una famosa escuela de formación artística. Al acabar sus estudios se trasladó a la ciudad de Dresde, por ese entonces un centro importante del romanticismo alemán, en donde ingresó a la Academia de Bellas Artes de la ciudad, donde realizó su primera exposición en 1799.

En Dresde entabló relación con numerosos artistas, poetas y filósofos del romanticismo, cuyos principios adoptó con entusiasmo, no solo en lo que respecta a los valores estéticos, sino también en lo referente a los valores políticos, siendo durante toda su vida un ferviente defensor de los ideales republicanos y nacionalistas. La fama le llegó al ganar un concurso que había organizado Goethe en Weimar en 1805, en el que presentó dos paisajes dibujados a la sepia. Pocos años después pintó un cuadro que en su momento produjo gran controversia, pero que finalmente fue admirado: La cruz en la montaña, en el cual se fijan las bases para su posterior desarrollo de la pintura de paisajes. Admirado por Novalis y von Kleist, dos de los más importantes poetas de su tiempo, Friedrich se estableció definitivamente en Dresde, desde donde fue ganando cada vez más adeptos. El período de las guerras napoleónicas supusieron para Friedrich una reafirmación de sus convicciones políticas y en 1814 participó en una exposición que conmemoraba la liberación de Dresde del dominio francés.

En 1818 Friedrich se casó con la joven Christiane Caroline Bommer, con quien tuvo dos hijas y un hijo. Su vida transcurría entre la ciudad y algunos viajes que realizó sobre todo a la región del Báltico, donde encontraba grandes paisajes que lo inspiraban para realizar su obra. Tuvo una intensa amistad con Goethe, que terminó con una disputa entre ambos, lo cual lo afectó profundamente. Se recluyó en su estudio y abandonó la vida social para dedicarse por entero a pintar. En 1824 padeció una seria enfermedad que lo dejó inhabilitado parcialmente para nunca recuperarse del todo. Los acontecimientos políticos en Europa lo afectaron durante sus años de madurez, así como una creciente depresión que le hacía padecer estados de gran desesperación. A ello se suma que a partir de la mitad de la década de 1820 su popularidad se vio mermada, lo que le indujo a escribir sus Observaciones sobre la contemplación de una colección de pinturas de 1830. En junio de 1835 padeció un ataque de apoplejía, que le dejó inhábil, pero aun así siguió dibujando. Cada vez más solo y abandonado, murió en Dresde en mayo de 1840.


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