Autor desconocido, El Luchador, Cultura Olmeca. Basalto, siglos VI-V A.C.

Luchador_OlmecaUna misteriosa cultura que se asentó en las planicies aluviales y selváticas de los actuales estados mexicanos de Veracruz y Tabasco, cuyos primeros vestigios datan del segundo milenio antes de nuestra era. Una increíblemente sofisticada civilización que súbitamente floreció y desapareció y cuyas influencias culturales se expandieron por toda Mesoamérica. Una historia que se tiene que interpretar únicamente a través de los datos arqueológicos, ya que carecían de una escritura que registrara su cosmología,  las dinastías de sus gobernantes o al menos sus transacciones comerciales. Constructores de gigantescas plataformas, cabezas monumentales y delicadas tallas en jade y serpentina. Unos rasgos característicos e inconfundibles en el arte que ha sobrevivido a más de dos mil años de olvido. Creadores y difusores de algunas de las más importantes tradiciones mesoamericanas tales como el culto al jaguar, a la serpiente y el juego de pelota. Un pueblo del que desconocemos su lengua y el nombre con el que se identificaban a sí mismos.

En realidad el nombre “Olmeca” es de origen Náhuatl y nunca fue usado para nombrar a esta antigua civilización ya olvidada hacía milenios, sino a los habitantes de la zona en el siglo XVI, pero se difundió hasta la actualidad; por eso, cuando fueron descubiertos los primeros vestigios de esta cultura, algunos investigadores la llamaron de esa forma que, aunque inexacta, cuajó y ya no fue cambiada. “Olmecas” significa “las gentes del país del hule” a causa de que es en las tupidas selvas de la costa del Golfo de México donde crecen naturalmente los árboles de los cuales  se extrae este preciado producto.

Todavía permanece en el misterio cómo una civilización de tan sofisticado desarrollo pudo surgir repentinamente con un arte exquisito y un programa constructivo de gran envergadura sin antecedentes previos, ya que no se han hallado en esa zona restos de culturas antecesoras, lo cual da pie a pensar que los olmecas surgieron en otra parte y se establecieron en esta región con una cultura ya totalmente consolidada. Las especulaciones de los investigadores han ubicado a estos ancestros en la región del lago Catemaco, muy cerca de la zona nuclear, en los valles altos cercanos a Puebla y Orizaba, en la región del río Balsas en Guerrero, en la costa sur de Guatemala y últimamente ¡en la región costera de Luisiana y Texas en Estados Unidos! Lo cierto es que no hay evidencias contundentes y la especulación proseguirá hasta que se hallen los vestigios de los precursores quién sabe dónde.    

El centro nuclear de los olmecas se asentaba sobre ricas planicies aluviales. Como toda civilización agrícola, su economía se basaba en el aprovechamiento de las fértiles tierras de cultivo, las cuales debían ser ganadas a la selva mediante grandes rozas  y tala. En esta región era posible obtener hasta dos cosechas de maíz al año, lo cual garantizaba el suministro alimenticio de la población, complementado por la abundante caza y sobre todo por la pesca en los numerosos ríos que había y todavía hay allí. Teniendo garantizado el alimento y los recursos naturales, los olmecas se dedicaron a desarrollar una compleja sociedad estratificada, cuya cosmología sustentaba sus valores esenciales y a la vez incentivaba la construcción de obras de gran envergadura. Los vestigios más importantes provienen de un centro llamado San Lorenzo, ubicado en la región de los Tuxtlas en Veracruz y La Venta, una isla en medio de manglares en el estado de Tabasco. Existen otros asentamientos de importancia como Laguna de los Cerros, Tres Zapotes y Cerro de las Mesas, pero prácticamente en toda la región se pueden hallar los restos de los olmecas, sobre todo sus maravillosas tallas en piedra. Las construcciones y esculturas de San Lorenzo son las más antiguas que se han hallado, provienen de alrededor del año 1400 A.C. hasta el 900 A.C. San Lorenzo es una inmensa plataforma artificial de más de cincuenta metros de altura y más de un kilómetro de largo, una obra verdaderamente faraónica que exigió una organización muy compleja y una abundante mano de obra. Sobre esta plataforma hay gran cantidad de montículos, alrededor de noventa, grandes esculturas talladas en basalto volcánico y un complejo sistema de canales subterráneos y lagunas artificiales. Este asentamiento parece haber sido abandonado y sus monumentos fueron destruidos violentamente, quizás por causa de una rebelión o una guerra. La Venta prosperó un poco más tardíamente, desde alrededor del año 900, hasta el 600 A.C. cuando fue también abandonada y al parecer también sus monumentos fueron destruidos. Posteriormente otros pueblos ocuparon la región y se vieron influenciados por lo que quedaba de esta alta cultura, hasta que alrededor de 100 años D.C. desapareció todo vestigio.

Se sabe con seguridad que los olmecas eran grandes comerciantes y difundieron su arte y también sus elementos ideológicos con otros pueblos a lo largo de las rutas comerciales que establecieron. Se han hallado vestigios olmecas por prácticamente toda Mesoamérica, desde la zona limítrofe de las grandes planicies del norte de México, hasta Costa Rica por el sur. En la mayoría de los asentamientos de las culturas mesoamericanas se encuentran vestigios o bien influencias del arte y la ideología olmeca en los estratos más antiguos. Los olmecas iban en busca de los preciados jades y serpentinas, así como de la obsidiana y otros objetos de valor que era posible transportar. Incluso establecieran colonias en lugares clave para el intercambio como Tlatixco en el valle de México o La Blanca en la costa sur de Guatemala. Algunas de las más extraordinarias piezas olmecas han sido halladas en estos lugares, o bien en los asentamientos a lo largo de las rutas comerciales.

La extraordinaria figura que aquí se presenta es de la más pura factura olmeca, llamada “El Luchador” cuando fue descubierta, en realidad representa a un jugador de pelota sentado, listo para recibir la pesada bola de hule con la que se jugaba en esta competencia mesoamericana de carácter sagrado. Fue encontrada en 1933 en Uxpanapa, en la zona sur-oriente de Veracruz, en plena región olmeca. Tallado en basalto, tiene una altura aproximada de 66 cms. Es una obra de gran celebridad,  sin duda procede de las manos de un gran artista, conocedor de la anatomía humana y capaz de tallar detalles finísimos sobre la dura piedra basáltica. A diferencia de otras estatuas olmecas de carácter sagrado, El Luchador es probablemente un retrato realista de un personaje, un jugador de pelota de nariz recta y el cráneo rasurado, pero ostenta barba y bigote y sólo está vestido con un pequeño taparrabos. Los ojos almendrados son típicos de las tallas olmecas, así como los párpados marcados, no así el dinamismo de la postura y la espacialidad que se genera debido a la posición flexionada de los brazos y las piernas. Alguna vez llevó orejeras, tal vez de jade, en los lóbulos porque tiene las incisiones características que permitían colocar estos accesorios. Su cuerpo es atlético y denota tensión y su rostro señala una concentración muy grande por cuanto la actividad que está realizando es sagrada. Por carecer de algunos rasgos típicos de la estatuaria olmeca como el labio superior grueso y caído que recuerda la boca de un jaguar, algunos investigadores dudaron que se tratase de una pieza original, por lo cual se inició un debate hace ya bastante tiempo; pero la mayor parte de los arqueólogos y los historiadores del arte están de acuerdo en su procedencia totalmente olmeca y su extraordinaria manufactura. Sirva esto como un pequeño homenaje al arte de una gran cultura ancestral ya desaparecida, que por sus logros y antigüedad es considerada con justicia la cultura madre de Mesoamérica. 

Julián González


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