Anish Kapoor, “Cloud Gate”, materiales compuestos y aluminio, 2004

anish-kapoor-cloud-gateCloud Gate – “The Bean”, Chicago, 2004Hoy día, en un mundo donde la información ha pasado a ser un fin en sí mismo, no para conocer o saber, sino para entretener y en el cual la noticia de una masacre de cientos de personas, con sangrientas imágenes incluidas, se sazona con intermedios comerciales de comida chatarra o tarjetas de crédito que prometen la felicidad instantánea, encontrar un camino de congruencia y verdadera humanidad está reservado a muy pocas personas. A estas personas la sociedad los llama “locos” o en el mejor de los casos “inadaptados” o quizás “estúpidos”. Muchos de estos “locos” suelen ser artistas o poetas que, asqueados de tanta barbarie y cinismo, se evaden a través de un trabajo que realizan en la oscuridad. Algunos son considerados excéntricos y por eso se han vuelto conocidos, son una rareza con la cual gustan de juguetear aquellos que están convencidos que están en la cima, de los que dividen a las personas en “ganadores” o “perdedores” y los toleran, tal vez porque son considerados los más grandes perdedores que hay y necesitan contrastarse con ellos para destacarse más. Otros de estos locos, huyendo del maniqueísmo se recluyen en la oscuridad, son como fieras que se han encerrado en su cueva y desde su interior de vez en cuando lanzan un grito o gruñen ariscamente. 

Los locos son siempre peligrosos porque no sabemos si en cualquier momento nos van a abordar, o tal vez a atacar preguntándonos sobre aquellas cosas que a nuestro criterio no tienen respuestas. Muchas veces nos confrontan y nos dicen que los locos somos nosotros y entonces el enojo suplanta al temor. No los queremos ver, no queremos que se crucen en nuestro camino.

Pero también hay algunos de estos locos que en este planeta lleno de inmundicia nos brindan una vía clara y limpia que nos demuestra que la belleza aún puede ver la luz y no se ha ocultado en una grieta de la pared, tal es el caso de Anish Kapoor.

Nacido en Bombay en 1954, Kapoor se marchó a Londres siendo muy joven, abandonando la India para estudiar arte y se estableció definitivamente en esta ciudad. Su circunstancia es muy particular, ya que su padre es hindú y su madre judía, y por lo tanto su educación y las costumbres de su hogar fueron bastante heterogéneas. Por ello su trabajo tiene mucho que ver con conocerse a si mismo y buscar los orígenes. En todo caso, se nutrió de ambas vertientes que se expresan sutil y contradictoriamente en sus grandes esculturas, en las cuales los protagonistas principales son la luz y el espacio. Famoso en el mundo del arte contemporáneo, permanece muy lejos del escándalo y la provocación propia de los falsos profetas.

Sus esculturas e instalaciones, siempre abstractas y de grandes dimensiones, son portadoras de una poética serena y melancólica que incita a la reflexión sobre la fragilidad de los fundamentos de la propia existencia. En muchas de ellas ha empleado un color rojo sangre el cual, lejos de apelar a la imagen morbosa y truculenta que ésta ha adquirido gracias al bombardeo de los medios, constituye la substancia que da vida al organismo, su cualidad vital. Otras están acabadas como espejos de formas curvas cóncavas y convexas que reflejan el contexto físico en el que han sido emplazadas y a los observadores, que se ven a si mismos distorsionados. Para apreciar estas construcciones es necesario recorrerlas en el exterior y algunas veces entrar en ellas, lo cual provoca siempre sorpresas, ya que lo inesperado aguarda en el interior. Aluden a la cultura de la apariencia y el engaño propios de la sociedad contemporánea que anula al “ser” y lo suplanta por el “parecer”. Este hecho nos plantea la incógnita de quién somos en realidad. Tanto la imagen pública, como también la imagen social de la persona quedan al desnudo y ya no pueden engañar a nadie, mucho menos a si misma.  

En la búsqueda de Kapoor siempre están presentes las contradicciones que son inherentes a la existencia y que el artista asume con serenidad, sabiendo que la condición humana está plagada de las mismas y asumir una visión desde una única perspectiva no sólo es inútil, sino hipócrita y aquellos que así lo hacen engañan. Esa actitud de análisis viene a ser un adecuado contrapeso a la limitante visión focal de un ser humano privado de sus más profundas cualidades: una mera imagen, una cáscara sin semillas, sin substancia. Kapoor está más allá de lo evidente, de lo aparente que es tan caro a la cultura superficial y frívola de nuestro tiempo.

Por ello elegimos esta obra, una puerta que no se asienta más que en un piso de una plaza de la ciudad de Chicago. No nos lleva a ninguna parte, no la atravesamos para ir de de una tierra a otra; es una abertura para pasar a nuestro interior y contemplarnos en múltiples facetas que distorsionan los reflejos, los cuales al fin y al cabo son sólo imágenes y a través de visualizar este conjunto integrarnos a nosotros mismos en una contemplación multidimensional. Parece una ballena varada en la playa que espera tragarnos como a Jonás y así darnos la oportunidad de descubrirnos a nosotros mismos.

No somos bellos, ni somos monstruos; no somos ni héroes ni bandidos. Somos lo que desde nuestros orígenes hemos elegido ser y muchas veces no nos gusta porque tal vez no se ajusta a lo que la familia, los amigos o la sociedad esperan que seamos. Quien quiera engañar y engañarse con falsas imágenes es porque es un ciego o un cínico.        

Julián González Gómez


Cápsulas de Arte

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