Andrea Mantegna, Lamentación sobre Cristo muerto. Óleo sobre tela. En torno a 1480-1490

dead_chrSeguramente esta pintura debe haber provocado bastantes escándalos en la época en que fue pintada. Nunca se había presentado al redentor de una manera tan radicalmente distinta a cuantas se habían hecho hasta entonces.  Mantegna, revolucionario e iconoclasta, lo pintó en un escorzo extremo, con los pies llagados en primer plano, las manos también con las heridas de la pasión y los brazos rígidos por el rigor mortis en un segundo plano, el tórax hinchado, donde apenas se ve la herida del costado en un tercero y la cabeza del difunto en un cuarto plano que se diluye en la cabellera. Son varios planos que no se articulan sino que se hacen continuos, pero que establecen ciertas referencias espaciales que nos hacen entender mejor la postura y la perspectiva general del cuadro. Podríamos decir que Mantegna hizo aquí un alarde de su maestría en la perspectiva lineal, superando a Masaccio o a Piero de la Francesca, los perspectivistas paradigmáticos de la época, aunque el primero hacía ya mucho que había fallecido. Es curioso que a pesar del fuerte escorzo, la figura no se percibe rígida en ninguna de sus partes, no está sometida a las reglas y correcciones del método que, en el caso de Piero de la Francesca por ejemplo, hacen lucir a veces demasiado rigurosas sus figuras. No, Mantegna pintó aquí a un crucificado dúctil, en el que el rigor mortis está atenuado en las formas angulosas, laxas, como sometidas a la realidad que ha venido después del final de la vida en un cuerpo de carne y hueso.  Hay que hacer notar que, tanto los pies, como la cabeza de Jesús señalan hacia la izquierda, lo cual equilibra sutilmente la composición, que de otra forma se hubiese visto demasiado lineal.

Andrea Mantegna nació en la isla de Carturo, cerca de Padua en 1431, por tanto era ciudadano del condado de Vicenza, del que Padua era un burgo vasallo. Parece ser que mostró su gran talento desde muy joven, por lo que pasó de niño a ser aprendiz en el taller de Squarcione, quien según Mantegna, se aprovechó de su talento. Estudió las antigüedades romanas, mediante lo cual perfeccionó su gusto por el clasicismo antiguo, en el que se nota una fuerte influencia de la escultura griega y romana. Realizó algunos trabajos importantes en la capilla de San Jacopo y San Cristóforo de los Ovetari, los cuales se han perdido. A los 22 años se casó con Nicolasa Bellini, hermana de Giovanni y Gentile, por entonces los pintores más importantes del véneto, por lo cual se supone que Mantegna trabajó para ellos en algunas ocasiones, pero no hay ninguna constancia de ello. En 1459 se traslada a Mantua, a la corte la familia Gonzaga, para quienes trabajará hasta el final de su vida en 1506,  realizando sus mejores obras. La influencia de este artista se extendió por toda Italia durante su vida y hasta bien entrado el siglo XVI.

Esta obra maestra es la expresión suprema de Jesús muerto, vencido, frágil como cualquier ser humano; no es todavía el Cristo triunfante que resucitará al tercer día y se les presentará a sus discípulos para dejar sentado que él es el Salvador. Las llagas no muestran sangre, ya han limpiado los restos del padecimiento de este glorioso cadáver; Mantegna no hace uso de recursos efectistas en lo que se refiere al sufrimiento del crucificado, como después lo harán muchos artistas del barroco. Es la imagen de la sobriedad, la muerte del individuo sin más, cuyo testigo es este cuerpo.  Tal vez sólo se dio permiso de mostrar cierta frondosidad en los muchos pliegues de la sábana, de una riqueza cromática y de claroscuro sin igual, que moldea las piernas del difunto y sus genitales; pareciera como si esta sábana lo arropase con amor y ternura, como si fuese un ser vivo que entendiese la muerte trascendental que ha sucedido o bien, muestra que su cuerpo muerto fue tratado con ese mismo amor y ternura por quien lo limpió y lo va a amortajar más tarde.

Salvo el cuerpo y su escorzo, todo lo demás es accesorio: las tres Marías que lloran ante el cadáver, la almohada en que se apoya su cabeza con sus luces reflejadas, el recipiente de ungüento al lado izquierdo, hasta la aureola se ha difuminado, como un símbolo de que la vida se ha ido. El cuerpo de Jesús está solo, únicamente lo acompaña la sábana y la muerte. 

 

Julián González


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