Robert Campin, “Santa Bárbara”. Óleo sobre tabla, 1438

Julián González Gómez

Entre los primitivos maestros flamencos de pintura, Robert Campin jugó un papel esencial junto a los hermanos Van Eyck. Fue quizás el primer pintor que dejó atrás la tradicional pintura basada en el temple para desarrollar la nueva técnica consistente en diluir los pigmentos en aceite de linaza, la cual es conocida generalmente como técnica al óleo. Gracias a este nuevo método fue posible alcanzar nuevos brillos y transparencias, lo cual fue una verdadera revolución en su época. Robert_Campin_Santa BarbaraTambién fue uno de los primeros artistas que experimentó con una perspectiva empírica que se deducía por pura observación o quizás con ayuda de la cámara oscura, ya que el método formal y racional de la perspectiva renacentista fue obra de los maestros italianos del siglo XV. Heredero de la minuciosidad en los detalles de los miniaturistas de su tiempo, Campin se aprovechó de la circunstancia de que el óleo tardaba mucho tiempo en secarse para plasmar los detalles con gran meticulosidad.

Como muestra de su trabajo y dominio de las nuevas técnicas presentamos aquí su tabla de Santa Bárbara, la santa mártir del siglo III quien, siendo heredera de una familia pagana se convirtió al cristianismo y por ello fue torturada y finalmente decapitada por su propio padre. El cuadro presenta la escena de la joven Bárbara leyendo un texto sagrado en una estancia del castillo en el cual la había recluido su padre para evitar que se casara muy joven y para evitar también que fuese influida por el cristianismo. Esta escena es cálida y hogareña, tranquila y reposada donde destaca la chimenea encendida. La composición está centrada en la figura de la santa que descansa sobre un sillón gótico de madera con unos mullidos cojines, lo cual indica que está muy cómoda, con semblante tranquilo y se concentra en la lectura. La perspectiva fluye por todo el cuadro hasta en los últimos detalles y se pierde en el paisaje que se puede ver por la ventana abierta donde se presenta una escena rural con la torre de un castillo, símbolo de su reclusión y varias personas que están subiendo hacia ella. La torre tiene tres ventanas, lo cual simboliza el refugio de la fe en la Santísima Trinidad y es uno de los atributos con el que solía representarse a la santa. Un hombre a caballo, quizás su padre, atraviesa la escena por un camino arbolado y al fondo se puede ver la silueta de una ciudad. El interior presenta a la estancia con un piso embaldosado perfectamente limpio, paredes blancas y un cielo de madera con vigas sostenidas por ménsulas. Los objetos que están distribuidos por el ambiente son variados y la jarra de cobre con la jofaina nos indica que es la habitación de la santa, además esa jarra junto a la toalla que cuelga en lo alto son símbolos de su castidad. Entre estos objetos destacan los que están puestos en el marco de la chimenea: dos botellas de aceite y sobre todo una estatua que representa a Dios Padre sosteniendo la cruz de Jesucristo, a su lado una vela apagada en un candelero metálico.

En el colorido, que es extraordinario por la armonía de sus combinaciones, destaca el contraste entre colores complementarios del rojo de los cojines del sillón y el verde del vestido de la santa, una combinación que después se volvió muy frecuente entre los pintores flamencos de la época. El azul intenso de la flor quizás indica que este es un momento de especial connotación en la vida de la joven Bárbara. Las sombras que se van diluyendo en el piso indican que la principal fuente de la iluminación es tal vez una puerta que se ha abierto por la cual se ha asomado el observador de la escena, que somos nosotros. Es posible que la verticalidad del cuadro indique que era parte de un tríptico sobre la vida de la santa, pero esto no se ha podido demostrar.

Podríamos decir que la enseñanza de este cuadro es que a las almas contemplativas la fe, el conocimiento y la profundización de la religión les penetran en el espíritu no de una manera exaltada y dramática, sino de una forma serena y apacible. No hay aquí ningún elemento que aluda a una disonancia con esta paz cotidiana y amable. Esta escena contrasta con los elementos que luego se relacionaron con la santa, por ejemplo, el hecho de que cuando fue decapitada cayó un rayo y esto la identificó con los explosivos, por ello se convirtió en la santa patrona del arma de artillería. Este podría ser otro factor que contribuiría a afirmar que esta tabla formaba parte de un tríptico ya que faltan los atributos antes mencionados y probablemente se encontrarían en las dos tablas faltantes. Con esta obra Campin nos demuestra con creces sus dotes como pintor y maestro de la pintura flamenca, uno de los más afamados en su época.

Casi nada se sabe de su vida, apenas unos cuantos datos y la mayoría equívocos. Nació probablemente en Valenciennes entre 1375 y 1379, de su formación no hay ningún dato. En 1404 aparece documentado como maestro pintor en la ciudad de Tournai, en la actual Bélgica y permaneció adscrito con esa calidad hasta 1444, año en el que murió. Afamado pintor en su época, sus obras nunca las firmó y por eso son muy difíciles de asignar. Hasta principios del siglo XX se le identificó con el llamado Maestro de Flemalle, nombre dado en el siglo XIX al autor de notables retratos y trípticos pintados en la primera parte del siglo XV, hasta que varios investigadores lograron aclarar que este maestro era Campin. Por su taller pasaron notables artistas que le darían gran relieve al arte flamenco del siglo XV como Jacques Daret y Rogelet de le Pasture, quien era nada menos que Rogier van der Weyden. Como pionero del gran arte flamenco del siglo XV Campin es considerado al mismo nivel que Jan van Eyck, artistas que rompieron con las convenciones de la pintura de su época abandonando el arte gótico, que era el arte prevaleciente y adentrándose en los nuevos derroteros que abrieron dando pie al advenimiento del renacimiento.    


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