La guerra olvidada (II)

Rodrigo Fernández Ordóñez

-III-

Las primeras acciones

La primera noticia que destaca del New York Times (NYT) sobre el inicio de acciones en el Caribe es publicada el 3 de marzo de 1940, reportando el hundimiento de un barco noruego torpedeado por un submarino alemán. En la misma nota se relata la persecución de tres buques mercantes alemanes en aguas de las Indias Occidentales, que partiendo de Aruba trataron de romper el bloqueo inglés. El primero, el Troja, fue hundido por un submarino holandés cerca de su puerto de salida, y sus tripulantes fueron rescatados por una nave de guerra británica. Los otros dos, el Heidelberg y el Antilla, fueron interceptados cerca de la isla de Curazao y remolcados a Trinidad.

. Barco petrolero aliado se hunde luego de un exitoso ataque por parte de un U-Boot alemán, octubre de 1942.

Barco petrolero aliado se hunde luego de un exitoso ataque por parte de un U-Boot alemán, octubre de 1942.

En Guatemala mientras tanto, pese a la inicial oposición del presidente Jorge Ubico, en enero de 1940, se instalaron dos bases aéreas en territorio nacional; una en la costa del Pacífico y otra en el aeropuerto La Aurora, que al parecer eran parte de una estructura de “apoyo” o “emergencia” en la que funcionaban como principales bases las de Guantánamo, Gonaïves, Vieques y Balboa, en la Zona del Canal. Aunque la información es escasa y dispersa, se puede reconstruir en líneas generales que se establecieron en el país dos flotillas aéreas de la Marina de Estados Unidos, para asistir a naves de superficie y submarinas en sus patrullas en la costa pacífica del istmo. Una flotilla de bombarderos y otra de aviones de caza, estarían listas para proteger el Canal de Panamá y para reforzar militarmente a Guatemala, que contaba con una gran colonia alemana. La presencia de soldados y aviadores norteamericanos también implicó nuevo material bélico para el ejército de Guatemala, como los 12 tanques Sherman asignados a la Guardia de Honor y una batería de cañones Howitzer, asignada a Matamoros.

El año de 1940 resultó uno de los peores años para la historia británica, pues estuvo completamente sola frente a la amenaza nazi que parecía imparable. Con Francia derrotada, durante los días del 26 de mayo al 4 de junio se dieron los dramáticos hechos de la evacuación de Dunkerque, que pese a resultar exitosa por la casi total recuperación de la Fuerza Expedicionaria Británica (FEB) y otras tropas aliadas, Churchill, el primer ministro británico durante su discurso al pueblo británico pidió no dejarse llevar por el optimismo, “pues las guerras no se ganan con evacuaciones.” Pese al duro recordatorio, el líder británico tuvo un mensaje con un tono más seguro en su discurso ante el Parlamento, pronunciado meses después, el 20 de agosto de 1940: “…Hago un repaso de todos estos hechos pues la gente tiene el derecho a saber que tenemos bases sólidas para el optimismo que sentimos, y que tenemos una buena razón para saber que somos capaces, como lo he repetido incluso en las horas más oscuras dos meses atrás, de continuar la guerra, solos si es necesario, y si es necesario, por años…”.

Con Inglaterra fuera del continente, la guerra se trasladó a otros escenarios, resultando el Mar Caribe uno de ellos. En sus aguas se luchó una especie de duelo entre Alemania y el Reino Unido por dominar las líneas de suministro con América. El escenario fue cobrando tal importancia que incluso los Estados Unidos tomaron medidas preventivas para asegurar su primacía en la zona, como la ocupación de bases navales inglesas. El Canal de Panamá seguía siendo focal para la estrategia de defensa y con esto en claro, el 6 de diciembre de 1940 el NYT reportaba el viaje del secretario de Marina Knox a Panamá en un vuelo de 9 horas desde Cayo Largo, en la Florida, para inspeccionar las defensas aéreas, marinas y submarinas. El viaje de Knox resultó ser la preparación para una gira de inspección que una semana después inició el mismo presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, en el que visitó Las Bahamas, Cuba, República Dominicana y Puerto Rico. 

-IV-

La guerra en Centroamérica

En el primer número de la revista Selecciones publicado en español y puesto a la venta en Guatemala durante el mes de diciembre de 1940 (Q. 0.10), destaca un artículo titulado ‘Curioseando por el Caribe’, firmado por Leicester Hemingway y Anthony Jenkinson, en el que ambos periodistas relatan sus aventuras a bordo de la goleta de 12 toneladas Río Azul, en un viaje de tres meses haciendo navegación de cabotaje por las costas del istmo. Escribían los periodistas: “… [Navegando] por las aguas poco frecuentadas del Caribe occidental, que ni los buques mercantes, ni los barcos de guerra cruzan jamás, encontramos señales evidentes de la existencia de todo un sistema de abastecimiento de combustible a los submarinos nazis (…) vimos depósitos de petróleo para los motores Diesel en islas olvidadas y remotas desde las cuales puede fácilmente amenazarse al Canal de Panamá…”.

De acuerdo a sus investigaciones, en las costas centroamericanas se había construido una red de colaboradores, que en su mayoría había sido tejida por agentes oficiales de Alemania en estos países, como los cónsules o empresarios, que se apoyaban en “…contrabandistas de bebidas, prófugos de presidio de otros países y traficantes de narcóticos, que ganan mucho dinero por transportar barriles de combustible a los abrigados puertos de ciertos cayos desiertos, en cuyas aguas pueden darse cita, sin ser vistos, los submarinos y sus abastecedores…” De acuerdo a Hemingway y Jenkinson, la red de suministro iniciaba en la isla de Cozumel, México en donde encontraron un almacén con al menos 30,000 galones de combustible, pasando por las costas hondureñas, hasta la isla Providencia y San Andrés, remotas posesiones colombianas y las Corn Islands, frente a la costa atlántica de Nicaragua, estas últimas habían sido alquiladas a los Estados Unidos desde la Primera Guerra Mundial para proteger la salida atlántica del Canal. De acuerdo a los periodistas, en caso de estallar la guerra con Alemania, la marina nazi podría desde estos puestos, interferir seriamente con las líneas de comercio que iban de Nueva York y Nueva Orleans a Panamá. Según ellos, la base más importante de operaciones clandestinas parecía ser Puerto Limón, en Costa Rica, en donde ubicaron un gran almacén propiedad de una empresa alemana repleta de toneles de Diesel. “…La táctica de la organización nazi en el Caribe era operar, no a través de los gobiernos centroamericanos, sino a través de individuos privados y oficiales aislados reconocidos por simpatizar con el eje y listos a colaborar por dinero…”, aseguraban los autores en su artículo citado. Y dentro de esta particular estructura resaltaban los “…los dueños de botes que desde los días de la prohibición han estado traficando con drogas o personas. Estos no tienen filiaciones políticas definidas, pero hoy en día parecen haber encontrado que la mejor fuente de ingresos es transportar combustible para los nazis…”.

IV

Llega la guerra

El año de 1942 es definitivamente cuando empieza la que podríamos llamar la “Batalla del Caribe”, que se desata con una audaz operación sorpresa en contra de Aruba. La madrugada del 17 de febrero, dos tanqueros venezolanos, provenientes del lago de Maracaibo fueron torpedeados frente a las costas de ésta: “…Hubo un gran destello y luego una fuerte explosión, del primer torpedo, que casi parte en dos al tanquero. Momentos antes que el segundo buque fuera alcanzado, las aceitosas aguas de la bahía Nicholas se incendiaron, iluminando el puerto…”, apuntaba el periodista C. H. Calhoun, testigo de los sucesos: “…Los gritos de las tripulaciones se escucharon en la costa, pero los hombres que se lanzaban al agua tenían poca oportunidad de sobrevivir entre el fuego y los tiburones que infestan las aguas…” En total cuatro oficiales y 36 marineros murieron.

Oficiales británicos vigilan el paso de un convoy desde el puente de un destructor. Octubre de 1941.

Oficiales británicos vigilan el paso de un convoy desde el puente de un destructor. Octubre de 1941.

Pero el ataque fue aún más allá. Al menos un submarino alemán entró en la bahía y ametralló las instalaciones de una refinería propiedad de la Estándar Oil. Según las autoridades holandesas, al menos un submarino fue hundido en la boca del puerto con cargas de profundidad, pero otros dos lograron escapar, torpedeando cuatro barcos mercantes, dañándolos seriamente. Según relata el almirante Karl Donitz, en sus memorias, el responsable del ataque a Aruba fue el teniente Hartenstein, comandante del submarino U-156, acompañado del U-161 del teniente Achilles y el U-126 del teniente Bauers. Según Donitz, estas naves llevaron una campaña de hostigamiento en contra del comercio de la Antillas, bombardeando además, Puerto España (Trinidad), Puerto Castries (Santa Lucía) y el Canal de Bahamas. Los submarinos eran repostados por el U-459, uno de los submarinos cisterna apodados “vacas lecheras”, al mando del capitán de corbeta Von Wilamowitz Mollendorf, que transportaba provisiones y petróleo con capacidad para abastecer a 12 submarinos medianos y 2 grandes.

Donitz apunta que ese año de 1942 destacó 4 submarinos hacia el Atlántico Occidental norte, uno de ellos llegó incluso a entrar al Puerto de Nueva York, y 5 naves al Caribe, para bloquear la importante ruta de petróleo del corredor Aruba-Curazao-Trinidad. Dice Donitz: “…De 16 a 18 submarinos medianos se estacionaron entre Cabo Sable y Cayo Hueso. Otros 9 operaron en la zona del Canal de Bahama hasta el Golfo de México, al sur de Cuba, junto al estrecho de Yucatán, junto a Curazao, Aruba y Trinidad, hasta la costa de la Guyana…” Estas operaciones fueron apoyadas por submarinos italianos, que operaron en el Caribe hasta las costas de Brasil, “…siempre en operaciones aisladas, casi siempre contra el tráfico de vapores solitarios…”

A partir de entonces, las noticias se multiplican. Son atacadas naves con banderas de Estados Unidos, Panamá, Noruega, Suecia, Gran Bretaña, Grecia, Egipto, Brasil y un hondureño. Para el mes de julio de 1942, el NYT hacía un recuento extraoficial, señalando que al menos 369 naves habían sido hundidas en el escenario del Atlántico Occidental.

Un tal capitán Shaw, de un buque norteamericano en junio de 1942, narra su testimonio: “…Un torpedo golpeó al barco mientras los hombres estaban teniendo su cena dominical. La onda de la explosión aventó el jugo en el rostro de los comensales. En cinco minutos él y su tripulación abandonaron el barco, y cuando se encontraban a unas 200 yardas un segundo torpedo lo golpeó en el cuarto de máquinas, enviándolo al fondo del mar…” El diario rescata otro testimonio, esta vez de un barco torpedeado frente a Costa Rica, narrado por su capitán, Hugh Bradford Bentley: “…un periscopio fue visto a una media milla del barco y dos o tres segundos después el primer torpedo golpeó la nave. La explosión incendió al barco y cortó las comunicaciones, por lo que no se pudo lanzar una alerta ni sonar las alarmas (…) El submarino emergió cerca de nosotros pero no hizo intento de comunicarse con los sobrevivientes que lograron subir a un bote salvavidas…” En otro testimonio de un marino de un barco estadounidense, hundido en julio del mismo año, relató: “…El comandante del submarino y unos de la tripulación, todos en calzoneta, aparecieron en la cubierta del submarino, luego que el barco se hundiera y dieron a los sobrevivientes su posición y dirección exacta de las millas hacia la tierra más cercana. El submarino tomó algunas cajas de la carga que flotaban y se sumergió…” En otro barco hundido el 15 de julio, el jefe de ingenieros relató al NYT que un submarino alemán lo recogió del mar y llevado a bordo: “…allí el comandante, un joven de 25 años sin afeitar, me extendió dos hogazas de pan negro, tres latas de agua y me pidió disculpas por lo sucedido. Me extendió la mano, pero yo la rechacé…” La presencia italiana la confirma otro testigo, el marino canadiense William Hicks: “…un torpedo nos había golpeado cerca de las 18.30 horas, y el barco se hundió en apenas cuatro minutos. Casi de inmediato el submarino emergió a la superficie y un hombre salió a cubierta, enarbolando una bandera italiana. El comandante hablaba un inglés perfecto y estuvo preguntando insistentemente si necesitábamos algo. El comandante se disculpó con ellos, diciendo ‘Lamento que los haya tenido que torpedear’, luego nos deseó suerte y dio órdenes al submarino de retirarse…”.

Interesante mapa de la Batalla del Atlántico que cubre el período de enero de 1942 a julio de 1942, representando en puntos negros pequeños los buques aliados hundidos en la cuenca atlántica, publicado por http://history-peru.blogspot.com/.

Interesante mapa de la Batalla del Atlántico que cubre el período de enero de 1942 a julio de 1942, representando en puntos negros pequeños los buques aliados hundidos en la cuenca atlántica, publicado por http://history-peru.blogspot.com/.

Un último incidente vale la pena ser mencionado. El 10 de noviembre de 1942, la guardia costera costarricense disparó preventivamente en contra de miembros de una tripulación de un submarino alemán que intentaba desembarcar en un punto indeterminado de la costa cercana a Puerto Limón. Según informó NYT, los alemanes hicieron tres intentos de alcanzar la playa, siendo rechazados por los guardias costarricenses, quienes mataron e hirieron a varios.

Según Donitz, la campaña del Caribe de 1942 casi logró interrumpir las líneas de comercio de los Estados Unidos e Inglaterra con sus fuentes de suministro. Apunta en sus memorias: “…Mucho más favorables se mostraron las condiciones en el Mar Caribe. Las pérdidas del adversario fueron aquí extraordinarias. Cada uno de los submarinos allí apostados hundió entre 6 y 10 barcos. Al parecer, los americanos no habían contado con la presencia de submarinos en las zonas más alejadas del Mar Caribe ni del Golfo de México (…) El éxito de los submarinos en el Mar Caribe y la economía de intervención en aquella zona fueron muy grandes. Se distinguió especialmente el U-159, bajo el mando del teniente Witte. En mayo y junio de 1942 hundió el solo, en el Mar Caribe, 148 barcos, con 725,009 toneladas…”.

En 1943, las noticias de ataques y hundimientos empiezan a declinar. Se implementó la política de convoyes, se dotó de armas de cubierta a los buques mercantes y se coordinaron acciones de identificación de submarinos alemanes entre aviones y barcos de superficie, hostigándolos y acechándolos con cargas de profundidad. La última nota que reporta un barco mercante hundido en el Caribe es del 20 de marzo de 1943, tras 2 meses sin percances. La víctima, un pequeño barco hondureño, fue torpedeado y hundido, sobreviviendo únicamente 7 tripulantes. Ese año, la guerra daba un giro en Europa. Tras la entrada de los Estados Unidos a la contienda, el 7 de diciembre de 1941, los aliados habían logrado derrotar a los nazis en las puertas de El Cairo, en la batalla de El-Alamein, y desembarcado tropas en Sicilia e Italia continental. Los submarinos regresaron al escenario principal de la contienda.

 

Bibliografía

Donitz, Karl. Diez años y veinte días. La esfera de los libros. Madrid: 2005.

Hemingway, Leicester y Anthony Jenkinson. Curioseando por el Caribe. Revista Selecciones. Diciembre, 1940.

Sabino, Carlos. Tiempos de Jorge Ubico en Guatemala y el mundo. Fondo de Cultura Económica. Guatemala: 2013.


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