Fra Angelico, La Anunciación, 1430. Temple sobre madera.

fra-angelico-la-anunciacionGuido di Pietro da Mugello nació en 1400 en Vicchio, en Toscana. A los 18 años ingresó en el convento de los dominicos en Fiesole y en 1525 se volvió fraile de la orden con el nombre de Giovanni da Fiesole. No se sabe quién fue su maestro, pero probablemente inició su trabajo artístico iluminando misales y otros libros religiosos, posteriormente se dedicó a pintar frescos y retablos al temple, siempre de temática religiosa, de la cual nunca se apartó. La fama le llegó pronto y empezó a ser conocido como “Fra Angélico” según se dice, por su obra y por su gran devoción.

Fra Angelico era en esencia un pintor del gótico, al estilo del gran Giotto, pero incorporó algunos de los revolucionarios elementos que habían empezado a desarrollar los nuevos artistas florentinos como Masaccio, Guiberti o Donatello; tal es el caso de la perspectiva central y los escorzos naturalistas. Aun así, su arte nunca dejó de estar caracterizado por la sencillez en la resolución de los temas y la economía de medios, sin ninguna clase de alardes o de ostentaciones técnicas. Pintaba con humildad y consciencia ya que, a fin de cuentas, seguramente él se consideraba sólo un mensajero de la palabra divina hecha imagen.

Por ello he elegido esta obra, la Anunciación, pintada alrededor de 1430, cuando empezaba a descollar como artista de retablos, realizada para el convento de Santo Domingo de Fiesole. En la actualidad es una de las joyas del Museo del Prado de Madrid, al que llegó en el siglo XIX después de un periplo por Italia y España. Su estado de conservación es excelente, tomando en cuenta la fragilidad del soporte y el medio que empleó, el temple. Es una obra que mide cerca de dos metros por lado; en la base tiene una predela con miniaturas de la vida de la Virgen, pintadas con igual exquisitez que el motivo central.

La Virgen se muestra humilde y sumisa, sentada con los brazos cruzados sobre su pecho, en un gesto de saludo y de de ligero sobrecogimiento por la aparición del arcángel que le anuncia su trascendente destino, quien también cruza sus brazos sobre el pecho a manera de saludo respetuoso. Sobre la pierna derecha de la virgen hay un libro abierto, lo que indica que ésta se encontraba leyendo y meditando sobre las sagradas escrituras en el momento que se le aparece el ángel. Todo lo anterior fue pintado siguiendo la descripción del Evangelio de San Lucas, en el cual se describe así la escena.

Las aureolas doradas, los cabellos de la virgen y del arcángel, sus alas y los tonos carnosos de la piel de ambos establecen un sutil contraste de valores con los azules del manto de la virgen y las bóvedas de arista del portal en el que se encuentran. Por cierto, este edificio recuerda la arquitectura del pórtico del Hospital de los Inocentes de Florencia, obra de Brunelleschi, a quien Fra Angelico seguramente conocía. En la enjuta central del lado que vemos al frente del pórtico aparece el rostro de Jesús, como una premonición, mientras que un ornamentado friso corona la  arquitectura, no sólo del edificio representado, sino también de la composición. En el fondo se puede apreciar una estancia sencilla, como si fuese una celda de convento con su umbral abierto, lo que indica que es ahí donde descansa austeramente la virgen. Al lado izquierdo se ve la escena de la expulsión de Adán y Eva de un frondoso paraíso con un ángel encima de ellos. Finalmente, podemos apreciar un sutil rayo dorado en el que avanza el Espíritu Santo, representado como una paloma blanca, el cual nace de la mano de Dios y atraviesa la composición, dirigiéndose directamente al corazón de María. Este motivo realza el hecho de que fue concebida en amor.

Fra Angelico eligió para esta pintura un formato rectangular, en el cual domina un cuadrado hacia la izquierda y donde éste se cierra se ubica la frontera entre los sucesos presentes y los pasados. El acto que supuso la condena de Adán y Eva y su redención por medio de Cristo, que se encarnará pronto como hombre.

Por su delicadeza, sus valores cromáticos, su economía de medios y la maestría de su ejecución, considero este cuadro como una de las obras de arte más exquisitas del siglo XV. Vasari, al mencionar a Fra Angelico, comentó de ella:

“En una capilla de la iglesia de Santo Domingo, de Fiesole, hay de su mano, en una tabla, la Anunciación del arcángel; parece un trabajo realizado en el cielo…”

 

Julián González


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